Así creé una empresa de 2.000 millones de dólares: piensa pequeño (a veces)

Hay una gran ventaja en empezar a lo pequeño. Uno de los primeros grandes logros de Polycom -la empresa que cofundé y que acaba de ser adquirida por cerca de 2.000 millones de dólares (cerca de 1.784 millones de euros)- se produjo como resultado de un libro de 0,95 dólares (unos 0,85 euros) que compré en la tienda de electrónica RadioShack en 1991. Ese folleto nos instruyó a mi cofundador y a mí sobre un tema para empollones conocido como “suspensión acústica”, un concepto que nos mostró la falacia de suponer que un gran sonido necesita un gran altavoz.

Con este sencillo principio, pudimos empezar desde lo más pequeño al al unir dos entornos acústicos separados en un espacio compacto. Ese pequeño cambio en nuestra manera de pensar fue lo que nos colocó en el camino de vender millones de teléfonos y revolucionar el aspecto de las salas para reuniones y conferencias actuales; un camino que sigue forjándose a base de pequeñas innovaciones, pequeños diseños y pequeños hábitos.

Durante mis 25 años en Polycom, hemos tenido nuestra parte correspondiente de cosas grandes, pero no fueron el resultado de convertir las grandes apuestas en la piedra angular. Las grandes iniciativas suceden por cosas pequeñas, lo que significa que si lo único que haces es “ir a lo grande”, nunca alcanzarás realmente el objetivo. Para escapar del mito de avanzar a grandes pasos, quiero compartir tres pequeñas cosas que he aprendido que marcan una gran diferencia.

1. Innovaciones pequeñas. Centrarse en pequeñas innovaciones produce avances enormes. Después de todo, la bisagra de la innovación, por muy típico que pueda sonar, consiste en hacer más con menos. En lugar de obsesionarse con ir a lo grande, plantéese preguntas como, “¿Cuál es el cambio más pequeño que podríamos hacer en nuestro producto, entrega, distribución, estructura organizativa o comunicaciones?” Mejor aún si son preguntas que le obliguen sumar al restar: “¿Qué podríamos eliminar de esas mismas áreas para mejorarlas y simplificar el proceso?”

2. Diseños pequeños. El segundo consejo surge del primero. Sin embargo, el diseño representa lo que experimenta el cliente, más que las innovaciones que lo definen.

Centrarse en diseños pequeños no se refiere sólo a reducir el tamaño; también se trata de reducir la complejidad. Por muy contradictorio que pueda sonar, cada nueva iteración de nuestros productos ha sido impulsada no sólo por el deseo de lograr que hagan más, sino también que los usuarios hagan menos.

En el libro Creativity, Inc., el fundador y CEO de Pixar, Ed Catmull, describe cómo las primeras mesas rectangulares de las reuniones de Pixar (su diseño de reuniones) impactaban negativamente en la creatividad. Pixar no tardó en cambiarlas por otras cuadradas. ¿Fue un cambio de diseño pequeño, simple? Sí. ¿Obtuvo grandes resultados? Desde luego.

Nosotros llegamos a la misma conclusión cuando diseñábamos RealPresence Centro, nuestra última solución de videoconferencia. Tanto su estructura externa como su acústica interna están optimizadas para reunirse “en torno a él” en lugar de las tradicionales mesas de conferencia, más parecidas a una pista de bolos. Este es otro ejemplo de cómo aumentar la utilidad al reducir la complejidad, de no limitarse a añadir prestación tras prestación. A fin de cuentas, el propósito de cualquier producto o diseño es pasar desapercibido; convertirse en algo tan sencillo, otro tipo de pequeñez, que la experiencia resulte natural.

3. Hábitos pequeños. Son los hábitos sencillos los que cuentan. Pueden ser cosas sencillas como ver un partido con amigos, dormir ocho horas cada día o escribir la fecha en la esquina superior de cada página de apuntes. Incluso pensar en el día que uno tiene por delante en la ducha puede ser una acción sencilla con una gran recompensa. Como señala Charles Duhigg en su libro The Power of Habit, algo tan grande como una vida feliz no sucede porque lo busquemos; se construye prácticamente ella misma a partir de una variedad de buenas costumbres.

Algunas de estas rutinas sencillas salen solas, como comer o comprobar las llaves antes de salir de casa. Otras las desarrollamos con el paso del tiempo. Aprendemos cuáles funcionan y cuáles no.

A medida que he comprendido la importancia de la colaboración, he aprendido que uno de mis pequeños hábitos más grandes se produce al final de cada presentación o reunión a la que he asistido. Pienso en quiénes del otro equipo son actores importantes, y le hago una pregunta al conductor del encuentro: “¿Qué opinó [esa persona] de esto?”-

Plantear esa pregunta logra dos cosas. Primero, me obliga a invertir en la pequeña pero potente práctica de aprenderme los nombres y las caras de las personas involucradas. Segundo, les recuerda a mis directivos que espero que involucren a todos los miembros de sus equipos, que no tomen las decisiones de manera aislada.

Siempre resulta tentador intentar cazar alguna gran solución con un único salto. Aunque puede ocurrir, muchísimas más veces las mejores decisiones y soluciones se construyen dentro de un entorno de hábitos, innovaciones y diseños pequeños. Ir a lo pequeño, a lo sencillo, no significa no poder llegar a lo grande. Significa que cuando por fin llegue, habrá unas excelentes probabilidades de que se vuelva increíblemente grande.

 

Jeff Rodman es cofundador de Polycom. Cofundó Polycom en 1990, y su trabajo ha sido decisivo en la creación de icónicos productos de Polycom de voz, vídeo, comunicaciones en red y otros medios. Ha acumulado más de 30 patentes durante el proceso.